"PURA VIDA VS ANESTESIA SOCIAL"

Después de casi nueve meses de aventuras entre España, México, Guatemala, Costa Rica  y Colombia. Vuelvo a mi país, vuelvo al hogar, al nidito, a las raíces, vuelvo a CASA. A los abrazos auténticos que atraviesan mi alma, a nutrirme de mis hermanos y hermanas, mi familia amada. Los que me ayudan a sostenerme tanto en lo bueno como en lo malo, los que creen en mi y apoyan mis sensatas locuras desde la confianza, la nobleza y la fidelidad, los que me VEN de verdad y saben quién soy y de que estoy hecha, los que se mantienen en el tiempo a pesar de la distancia y me han hecho la cobertura en mis momentos de debilidad durante este viaje, los que se atreven a amar de lejos, los que quieren estar, están, aunque sea a miles de kilómetros. El amor y la admiración real, no entienden de tiempo ni distancia.

Yo me doy cuenta cuando viajo sola que, siempre busco inconscientemente relaciones profundas y no me conformo con superficialidades porque esa experiencia va a marcar la diferencia por la calidad de mis relaciones. Y me refiero con relaciones profundas, a relaciones con personas con las que realmente pueda ser yo misma con libertad, personas mágicas, personas hogar. Eso para mi es magia, lo cual me recuerda al siguiente texto de autor desconocido que tanto me gusta…

"Hay personas mágicas, te lo juro... las he visto. Se encuentran escondidas por todos los rincones del planeta. Disfrazadas de normales. Disimulando su especial forma de ser. Procuran comportarse como los demás. Por eso, a veces, es tan difícil encontrarlas. Pero cuando las descubres ya no hay marcha atrás. No puedes deshacerte de su recuerdo. No se lo digas a nadie, pero dicen que su magia es tan fuerte que si te toca una vez, lo hace para siempre".

Estas personas siempre aparecen de la nada, sin previo aviso y son sanadoras, brujas, magas, acróbatas de la vida, profundas observadoras, captadoras de energías, alquimistas de lo intangible, personas magnéticas. Estas personas son el recuerdo de un gran viaje, de una gran aventura, de una etapa de la vida, de un lugar, de un espacio-tiempo, son una huella en el corazón. Por eso me apasiona tanto viajar ya no solo por los lugares sino por las personas que el viajar, te regala.

Viajar me alimenta el alma y sin embargo, a la vez, la vida de nómada no es tan idílica como parece ya que es profundamente agotadora, intensa y muy, muy, muy exigente. Mil cosas vividas, recuerdos inolvidables, mucha información, mucho movimiento y hay que apropiarse prácticamente a la fuerza de una magistral capacidad de adaptación, y también llegan lecciones de vida tanto en el mal y buen sentido, no todo iba a ser maravilloso, personas mágicas que se cruzaron en mi camino para marcar la huella y otras tantas personas que solo fueron de paso y se marcharon para no volver. Otra etapa preciosa de mi vida que me ha enriquecido de pies a cabeza, pasando por todas mis capas hasta el corazón, lo que me hace afirmar que en mi experiencia, nunca podría ser un error tomar estas decisiones porque la vida me brinda muchísima belleza, sensata locura, pasión y Pura Vida. Ese es el movimiento que mueve mi energía natural interna y le da sentido a mi vida por lo menos hasta que me canse. Esa energía que me hace moverme pisando con firmeza la tierra del presente.

Aunque a veces, de la sensación de que no me acostumbro a la vida de viajero, hay algo que me engancha, hay una fuerza sobrenatural que no quiere que deje esta forma de vida, una incertidumbre que me estimula porque cada día sucede la magia de la luz pero también la de las sombras, una incomodidad muy molesta que a mas de uno no le gustaría tener que enfrentarse y siempre, aunque duela admitirlo, nuestra luz solo la encontramos con la consciencia profunda de nuestra oscuridad. En este viaje también la he encontrado, salir de la zona de confort implica ver también mis monstruos y tener que lidiar con ellos, lo mejor que he podido y con las herramientas que he construido a lo largo de mi vida. Surgen millones de inseguridades, miedos, sentimientos de abandono e infravaloración, perdidas, frustraciones, surgen planteamientos que hacen pensar como resolver los entresijos del alma, los cuales a veces no son fáciles de comprender o ponerles palabras porque en realidad, muchas cosas no se pueden, ni siquiera, entender con la mente. Pero imagino, que la vida es eso, o yo por lo menos la he elegido así. Elijo sentir, elijo viajar por fuera pero también por dentro, aunque a veces, duela. Me doy cuenta de que no quiero adaptarme a formas de vida que no siento, con los riesgos que conlleva, no me da la gana seguir dogmas.

Y cuando aterrizo en mi país, con esas ganas locas de ver y abrazar a mi gente y llegar al hogar, lo cual agradezco infinito, pero también me encuentro con un enorme y violento bofetón de bienvenida y dura "realidad" que lo único que he deseado durante varios días es enterrar la cabeza y no volver a sacarla hasta pasar la tormenta, porque se me ha deconstruido la Paula que se marchó, porque ya no veo con los mismos ojos que antes y, siento y percibo mas de lo que me gustaría porque, básicamente, la realidad duele pero lo peor de todo es que la sociedad la ha "normalizado" tanto como una herramienta de supervivencia de los padecimientos humanos, como una anestesia social y disociación del dolor. Pero la realidad es que no es ni medio normal hasta que punto la sociedad ha normalizado lo inmoral, lo indecente, lo antiético y lo enfermo. El sistema es claramente, antipersonas.

Nunca me cansaré de nombrar la frase del famoso filósofo indio, Jiddu Krishnamurti, "No es señal de salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma", subraya que la normalidad social a menudo implica aceptar comportamientos destructivos como la violencia, la codicia y la envidia. Para él, adaptarse a una estructura inestable es un signo de enfermedad mental, no de bienestar. Considera enferma a una sociedad que fomenta la división, el miedo, la competitividad destructiva y la búsqueda constante de pertenencia a costa de la propia individualidad. En lugar de adaptarse, propone la observación interior, el autoconocimiento y la transformación individual. Si el entorno está en guerra, competitivo o superficial, un individuo "sano" no debería encajar en él, sino cuestionarlo. La salud, desde esta perspectiva, radica en la autenticidad y la libertad frente al condicionamiento social, incluso si eso significa sentirse "inadaptado".

O como dice Ketan Raventós, en su libro "Sanar el corazón": Tu destino no es encajar en un molde. No has venido al mundo para colmar las expectativas de nadie. Nadie sabe qué es lo mejor para ti, qué has venido a vivir y a aportar; tendrás que descubrirlo tú. No eres defectuoso o defectuosa por el hecho de no adaptarte a una sociedad enferma. No eres un fracasado o una fracasada por no haber encontrado todavía tu camino, por sufrir, por estar herida, por no haber conseguido unos objetivos, por no tener una relación de pareja o no encontrar tu lugar en el mundo. No estar bien adaptado a la sociedad no significa que eres defectuoso/a, significa que tu corazón todavía está vivo. Y como está vivo, no puede conformarse con modelos impuestos, con verdades prestadas, con dogmas y doctrinas que condenan tu naturaleza, con premios-zanahoria de consolación, con seguir un camino o un estilo de vida que no resuena en tu corazón. Ser raro/a significa que no puedes seguir las huellas de nadie; tienes que encontrar tu propio camino. No es fácil, porque a menudo te sientes solo, incomprendida, confundido, excluida. A veces estás en guerra con el mundo porque no te gusta lo que ves, sientes que nadie te entiende, o te deprimes y te pierdes en patrones autodestructivos.

Jeff Foster nos recuerda: «Tu sensación de no encajar nunca fue un error ni estuvo mal, ¡fue profundamente inteligente! No estabas dispuesto a reducir la inmensidad de tu ser, a encajonarte en un molde demasiado pequeño, demasiado limitante, demasiado violento, demasiado deshonesto para ti».

No somos fracasados por no adaptarnos al sistema o a una forma "corriente" de vivir, ni estamos locos ni hemos perdido la cabeza. En realidad, somos almas muy lúcidas, valientes, sensibles y fieles a nosotros mismos, siguiendo lo que realmente dicta nuestro corazón, viviendo una gran aventura aunque también sea dura tomar la decisión de no querer encajar. Es la sociedad la que ha fracasado con nosotros, a pesar de su esfuerzo por domesticarnos en imponer sus manuales, no ha podido silenciar el anhelo de nuestro corazón.

Y cuando "se cae el castillo de naipes" la estructura de las supuestas bases "sólidas" que yo misma me había construido sobre mi propia identidad, creencias, conceptos y discursos, resultan no ser nada, puro polvo que se desvanece entre los dedos. Desarmando para cuestionar lo que había presentado como evidente y permitir nuevas interpretaciones y formas de pensar. Un ejercicio de desidentificación que me permite desvincularme de estructuras rígidas que limitan el pensamiento, fomentando una postura crítica ante las verdades impuestas por mi misma y por la sociedad en la que he nacido y vivido la mayor parte de mi vida.

Así llegó la feroz diosa Kālī, destruyendo las ilusiones y apegos que unen el alma a las ataduras terrenales y materiales. Trascendiendo el ego, la ignorancia y el miedo. Invocada en tiempos de crisis personal e importantes cambios en la vida, guiando a través de la destrucción de viejos hábitos y el nacimiento de nuevos comienzos. Representando la impermanencia.

El baile eterno de la creación y la destrucción que rige la existencia de todos los seres. Su danza, en realidad, no es agresión sino el movimiento mismo de la vida. El equilibrio entre la energía destructiva y la creativa. La Transformación. Es el reconocimiento de que a veces necesitamos que nos sacudan para despertar. Su danza feroz recuerda que la vida cobra sentido cuando se atraviesa el umbral del miedo.

Su desnudez grita libertad absoluta. No hay convención social, no hay vergüenza, no hay nada que la ate. Es la consciencia en su estado más puro y salvaje. Su cabello, despeinado y volando en todas direcciones como serpientes negras, rechaza cualquier intento de domesticación.

Kālī guía en la muerte simbólica que libera y en el renacer que impulsa.

Pasando por las turbulencias de la Vida, me viene este escrito que hice hace tiempo pero no se me pasa de moda.

Querida Vida, en realidad eres un increíble milagro, eres grande y fuerte, pequeña y delicada, dulce y amarga, eres decidida pero también insegura, tienes personalidad y carácter…

Eres las cuatro diosas… Parvati, con su feminidad y su sensualidad. Uma, con su vocación siempre servicial y amor al mundo. Durga, con su amor maternal y la genial Kali, con su poder, su presencia, su determinación, su oscuridad, destructora de la mentira y el ego.

Así eres Vida, maleable, transformable, brillante, oscura, dura, frágil, preciosa, dual… Eres el bien y el mal al mismo tiempo. Eres fuego, tierra, agua, viento, relámpagos, tormenta.. Eres amor, pasión, magia y otras veces, una aplastante melancolía…

En realidad, eres Pura Creación.

Eres salvaje, incierta, alocada, primitiva, rebelde, guerrera, bruja… Y a la vez civilizada, elegante, dócil, contemporánea, pacífica, maga… Viajas en el desbordante mundo de la imaginación, trepando sueños y creando realidades con tu lápiz de la voluntad. Danzas con la Muerte. Escribes y reescribes, haces y deshaces, construyes y vuelves a empezar. Eres poderosa, única, resiliente, excitante. Eres genia y escultora de una gran obra de arte ¿y por qué no de una obra maestra?

Brindo por la Vida y por todos sus innumerables inadaptados, perdidos, rebeldes, apasionados, locos, guerreros, inquietos, solitarios, valientes, heridos, inseguros, vulnerables, emocionalmente intensos, miedosos, tímidos, extravagantes…

Brindo por los HUMANOS,
por los que SIENTEN,
por los que CRECEN,
por los que AMAN.

Pero sobretodo por los MUERTOS…
Porque sin Muerte, no existiría la Vida.


Instagram