AVENTURAS EN INDIA

Marché desde las montañas del Himalaya, en el norte de India hasta la jungla de Arambol en Goa, en el sur. En total, un viaje de tres días, cuatro autobuses y treinta y seis horas de tren… Un tren que solo con lo que ocurre dentro de mi vagón podría escribir una saga completa. Siempre me gustaron los trenes y uno de mis sueños era, cuando llegara aquí, hacer un viaje en uno (obviamente, el Interail me dejó huella en mi adolescencia jaja), así que otro sueño hecho realidad y por supuesto, no el último.

Tuve una enorme suerte, iba con buena compañía, mi vecino el ruso de “memorias en Rishikesh” con el que surgió una linda y bella “Indian Love Story” versión rusa, mas la buena compañía encontrada allí. Un italiano de sesenta y siete años que llevaba muchos años viajando a India, carismático y enternecedor. Un loco ruso que parecía no haber roto un plato en su vida y que resultó que se fundió su dinero de tres meses de viaje, en una semana en Goa. Sí, la fiesta y las drogas pueden ser un enorme peligro para algunos y lo digo de risas, pero aquí muchos se quedan en la parra y nunca más vuelven a ser los que eran. Y la cantidad de indios que pasaron por nuestro lado a lo largo del viaje, que no fueron precisamente pocos, con sus miradas de curiosidad y sus ganas de hablar con nosotros aunque a veces el idioma nos limitara. Mamás, papás, adolescentes, mujeres, hombres, niños, abuelos, bebés, gente vendiendo agua, comida, helados, chais, bolsas de patatas… Todos conviviendo en un pequeño espacio, durante muchísimas horas, compartiendo la misma cosa, un viaje o mejor dicho, al menos para mi, “El Señor Viaje”.

Me lleve mi kit de supervivencia para no aburrirme en el tren: música, pinturas, cuaderno, libros… Sin embargo, fue absolutamente imposible aburrirse en un entorno como ese. Cada detalle merecía ser observado, asimilado, vivido, exprimido, gozado… porque, como ya dije en mi anterior escrito, en cada mínimo detalle reside una profunda belleza. Incluso, cuando tienes que hacer acrobacia para un pis en el baño del tren, sin apenas tocar las paredes. También impresiona despertarte por la mañana, asomar la nariz por la cama y mirar para ver que ocurre bajo tu litera y ver que la gente duerme en todos lados, en todos los huecos habidos y por haber, cómo dirían los mexicanos, es muy, pero que muy “locochón”. O que te despierte el tío que vende chai dando vueltas de un lado al otro, pegando unos gritos como si no hubiera un mañana. Estoy segura de que en realidad, es una especie de encargado de despertar a todo el mundo en los vagones.

Ya había oido hablar que llegar a Goa era como aterrizar en un pantano, ya que por alguna extraña razón es difícil volver a salir de allí. Eso me recuerda a mí amado pueblito de Mazunte, en México, dónde estuve viviendo el año pasado precisamente por estas misma fechas, mucha gente llegaba allí y algunos ya no se marchaban o se quedaban mucho mas tiempo del planeado, así era también en Goa. Una vez instalados en un bungalow hecho de bambú frente al mar, empezamos a planear el siguiente paso, un viaje en moto a Gokarna. Pero no iba a ser tan sencillo, en India cualquier cosa puede ocurrir. Tres intentos tuvimos de dejar Arambol, con mochilas preparadas y todo.

Primer intento, la moto da problemas al arrancar, abortamos misión, no podemos marchamos. Llevamos la moto varias veces al mecánico hasta que finalmente funciona como lo esperado.

Segundo intento, la moto ya esta arreglada y recibo la maravillosa noticia de que mi amiga Verena de “memorias en Rishikesh”, después de un mes viajando por India viene a Arambol. Así que por supuesto, espero a su llegada para verla y aplazamos el viaje algunos días más.

Tercer intento, el mismo día que veo a Verena que acababa de llegar de Bangalore y nuestro plan era marcharnos al día siguiente después de verla. Con tan mala suerte pillo un virus gastrointestinal y paso la peor noche de mi vida en muchos años. Por supuesto, una vez más aplazamos el viaje. No sé cuántas braguitas tuve que lavar esa noche.

Pero no pasa nada, podía haber sido muchísimo peor de lo esperado. Teniendo en cuenta que nunca antes, me había puesto enferma viajando, eso es una anécdota mas y con tan buena suerte que después de dos días en cama, resucité de entre los zombies.

Finalmente, lo conseguimos. ¡¡Dejamos Arambol!! Que no es que Arambol no mole, pero es demasiado turístico y católico para mi gusto. Vamos que no es la auténtica India. Así que como era de esperar, la sonrisa de felicidad no me cabía en la cara, ¡me moría por hacer un viaje en moto por este país! Recuerdo perfectamente que desde el día en que llegué a India y vi esas motazas, me dije -Paula tienes que hacer un viaje en una de esas- Evidentemente, probé a llevar una pero para ser sincera, hubiera ido directa a mi suicidio. La otra alternativa, echarme un “rider” ligue. Y sin ir mas lejos, la vida me puso a mi vecino, que después de varias semanas de una entrañable relación de amistad surgió la bonita “Indian Love Story” versión rusa de la que hablaba antes. Y sí, creo que es lo más sensato viajar con alguien que sabe de motos y tiene un largo “rider background", la verdad. Y bueno, no sé como lo hago pero siempre me digo a mi misma, ten cuidado Paulita con lo que deseas porque al final se hace realidad jeje.
Cruzamos valles, montañas, pantanos, lagos, selvas, bosques, cultivos, ríos, mar, puentes, carreteras horribles y no tan de horribles, pueblitos, muchos pueblitos, ciudades caóticas, con tráfico de cientos de motos. Y todo esto, solo en 200 km de trayecto.

 ¡¡Ah!! y se me esta olvidando añadir que apenas dos horas mas tarde de salir de Arambol, pinchamos rueda. Pero no pasa nada, siempre hay algún indio majete que se para a ayudar así que el “dilema” se arregló rápido. Creo que lo primero que hay que aceptar al llegar a un país como este es que cualquier, cualquier, cualquier cosa, puede ocurrir y a veces, las soluciones no son tan fáciles de ejecutar aunque a veces, por su simpleza, debería serlo o en cambio, se solucionan mucho antes de lo imaginado y bueno, los indios son los jefes del ñapeo.

Dicen que lo bueno se hace esperar, después de tres intentos de dejar Goa y llegar a Gokarna, lo que me encontré fue fascinante. Ni yo, que ya había estado en otra zona del sur de India, podía imaginarlo y sinceramente, no encuentro palabras para expresar la infinita y pasmosa grandeza de la Naturaleza y lo infinitamente bella que es nuestra madre Tierra. Solo las imágenes pueden expresarlo mejor que mil palabras. Sin embargo, la energía y la magia que había allí hay que sentirla y vivirla para entenderla, una imagen no te lo cuenta. Solo pudimos estar unos pocos días, pero fueron mas que suficientes para tener claro, que algún día volveré para quedarme más tiempo. Los detalles me los guardo en el corazón.

Volviendo en moto por las carreteras, de vuelta a Arambol, por sus cambiantes y locos paisajes. Siempre me venían a la cabeza, dos palabras.

INCREDIBLE INDIA!!!!

¡¡Me enamoro de este país cien veces al día!!

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