CARTA A MI PAPÁ


El día 4 de abril del 2024, falleció mi papá, mi aita.

Mi más fiel amor incondicional, el Gran Hombre de Mi Vida.

Ese día, se paró mi vida y perdí, completamente, la consciencia del tiempo.

Han pasado meses hasta que he “medio” podido ponerme frente a un papel en blanco y me he enfrentado a expresar en palabras el dolor de mi alma, mientras las lágrimas como cascadas, nublan mi vista. Ha sido una decisión muy difícil, es bastante duro expresar un dolor que se clava como puñales en lo mas profundo pero que a su vez, sé que he de sufrirlo y sentirlo desde mis entrañas para poder trascenderlo. Escribir esto, era saludablemente inevitable.

No hay otro camino.

He buscado y sigo buscando cada día, la manera de transformar mi dolor en un superpoder y seguir haciendo crecer mis alas aunque a veces me apetezca y desee hundirlas en el fango.

No me estanco, estoy aprendiendo a fluir en y con mis emociones, aceptando cada estado y en cada momento. Un día arriba y otro abajo, llorando y riendo a la vez, hasta que un día solo me venga una sonrisa de armonía.

- ¡¡Eres una valiente!! - Recuerdo que me dijo pocos días antes de marcharse y siempre me decía cuando estaba en “apuros”.

Con mis muchas herramientas terapéuticas de canalización, sanación y crecimiento personal, aprendidas con años y años de trabajo introspectivo y búsqueda de conocimiento de mí misma, de mis emociones y de adaptación y aceptación del entorno en el que vivo. No podía ser menos, tenía razón, soy valiente. Aunque siga en duelo y crea que nunca me acostumbraré a su ausencia. Sé que aunque haya perdido una parte de mi corazón y de alguna forma, de mi ser, la mujer en la que me he convertido es digna de su orgullo, por creer en mi misma pero, muy especialmente, por ser fiel a lo que siento. Por ser perseguidora de mis sueños tal y como hizo él en su vida y seguiré haciendo en su honor. Ya sabes, papi, disimulando que, a veces, nos cagamos de miedo pero que no sea justificación suficiente para no hacer algo 😉

Probablemente, soltar a mi papá, sea el trabajo de desapego más enorme y complicado que he hecho en toda mi vida. Como si me cortaran las raíces y sangraran los cimientos. Nadie nos ha enseñado a lidiar con la muerte de nuestro linaje más próximo.

Por eso, ese 4 de abril del 2024, decidí desconectar de las cosas que la vida me permitió relacionadas con mi trabajo, concretamente, talleres y redes. Era hora de sanar y enfocar toda mi presencia en una única dirección, mi corazón. Era momento de ir hacia adentro y apapachar mi alma, de cuidar mi mayor tesoro, mi energía y eso requiere atención, paciencia y tiempo, mucho tiempo. La realidad es que, soy infinitamente afortunada, de darme el permiso y disponer de espacio real y material, para pararme a sentir y no vivir en la eterna rueda de la inercia que el sistema nos ha implantado, disociando nuestro dolor.

Sin duda, ha sido el año mas duro de toda mi vida, pero lleno de profundo descubrimiento, crecimiento y autocuidado, lidiando con la luz y la oscuridad pero saliendo a flote en la batalla.

Fluyendo con el dolor y el amor, como el agua que corre por un río, natural, libre, orgánica, adaptable, resiliente… Confiando en que el camino que sin dominio total de él, es el que debe ser y lo acepta sin vacilar.

Sin vacilar, retumba en mi cabeza, como la aceptación con la que mi papá asumió que había llegado su hora. Valiente, preciso, sereno, íntegro y agradecido. El magistral ejemplo del desapego, culminando su enseñanza.

Con esta carta no solo me ayuda a curar un poquito más mis heridas, también os vengo a contar que después de la ausencia, siempre vuelvo.

Vuelvo en septiembre, con Alas mas Grandes y Brillantes.

Vuelve una Paula más sabia, más madura y más fuerte.



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