EL RETORNO
¿Quién se iba a imaginar que un virus se expandiría por la gran mayoría del planeta? ¿Nos lo llegan a contar hace unos meses antes de que empezara todo este pedazo de marrón y nos hubiéramos muerto de la risa, ¿o no? Ni en todas las películas que han hecho sobre esto, ni en todos los libros que han escrito a lo largo de la historia, nada, absolutamente nada de la ficción superará jamás la realidad que estamos viviendo en estos momentos. ¿Y quién iba a decir que todo esto, me iba a pillar en uno de los viajes mas guapos de mi vida? En fin, una putada pero por otro lado, una prefiere que el mundo se ordene otra vez para seguir viajando sin restricciones y cierres de fronteras por todos lados.
Obviamente, la situación del Coronavirus me hizo plantearme seriamente dar por terminado mi viaje y volver a España antes de lo previsto. Aunque al principio, pensé que era mejor permanecer en India debido a la extrema situación que había en Madrid y consideré que ahí estaría mucho mejor. Sin embargo, la gran incertidumbre de cómo un país tan enorme iba a afrontar una pandemia y lo que es más importante, que pasaría después, empezó a hacerme replantear las cosas de forma muy diferente y mas cuando el planeta se ha quedado del revés.
Así que aquí llegó la loca odisea de cómo llegaría a casa: vuelos cancelados, compañías aéreas que ya no operaban con mi país, notable reducción de los vuelos de las compañías que aún seguían volando a Madrid, aeropuertos cerrados, viajeros atrapados en diferentes países, líneas saturadas del ministerio de exteriores, de las compañías aéreas, de la embajada, precios de vuelos absolutamente desorbitados. Cada día nueva y diferente información sobre la situación en España, mensajes de amigos alertando de lo que estaba ocurriendo, posible activación del tratado Schegen, llamadas a la embajada sin que dieran demasiada ayuda… Definitivamente, era un puto caos mundial.
Y por consiguiente, yo también estaba volviéndome loca. Doy gracias al apoyo logístico de my Mum’s Embassy, he decir que es el más efectivo que he tenido nunca. Después de que me hubieran cancelado un primer vuelo que compré para salir de India lo antes posible, decidí volver a intentarlo y comprar otro para el mismo día que el anterior con tan mala suerte, que también pensé que me lo habían cancelado. En ese momento me dije, -pues nada Paulita es hora de cambiar el chip y aceptar que el Universo no quiere que vuelvas a tu país-. Sin embargo, tener la cabeza a mil revoluciones de la incertidumbre no es sano para nadie y resultó que el billete no estaba cancelado, así que contraté un taxi porque no había otro medio de transporte para llegar a Delhi desde donde estaba y salir pitando al aeropuerto.
Nueve horas de viaje al aeropuerto. Iba en el taxi, sin saber si podría pillar ese vuelo o no, también existía la posibilidad de quedarme atrapada en Estambul como dijo muy amablemente la señorita de la Embajada cuando llamé, ya que según las últimas noticias del Gobierno español en breves cerrarían el tráfico aéreo. El plan B, quedarme en India e ir a Rishikesh con mi amiga Verena, alquilar algún lugar con cocina y quedarnos allí en el caso de tener que hacer cuarentena. Y si me quedaba tirada en Estambul, intentar volar a mi segunda casa, México.
La verdad que durante el trayecto, sentía una profunda pena por dejar India y separarme de Verena aunque supiese que no estaba sola y se quedaba con una estupenda compañía, pero me ponía triste ya que había sido mi alma gemela allí desde que prácticamente llegué al país. Y a pesar de habernos separado en dos ocasiones durante estos últimos cuatro meses, la vida nos había vuelto a juntar.
En fin, despedirse de un país tan increíble con la musiquita progressive noventera estilo indio que llevaba el conductor en el coche y además, observando horrorizada la “finísima” conducción del conductor y temer por mi vida y no precisamente debido al virus… ¡Ah, bueno! Y que a pesar de su pésima conducción, llegué entera al aeropuerto y el majete, incluso me presentó a su familia por videoconferencia… Pues sinceramente, esta no era la manera ideal en que me imaginaba marchándome de allí, no así y menos por una puñetera pandemia.
Al llegar al aeropuerto y comprobar que el vuelo seguía operativo, me hizo quedarme mas tranquila aunque tampoco del todo hasta que no hiciera el check-in, pasara el control policial, llegara a Estambul y pudiera coger mi siguiente vuelo a Madrid. Vamos, que me quedaban todavía varias fases que pasar. Recuerdo que en el momento en que estaba entrando en el aeropuerto y enseñé mi billete a los señores oficiales, me dijeron entre risas -Uy, que suerte porque pronto ya no habrán mas vuelos-. Y en ese preciso momento, para darle más emoción al asunto recibo un WhatsApp de un amigo que dice -Paulita ¿donde estás? Acaban de decir en las noticias que el aeropuerto de India va a cancelar todos sus vuelos-.
Vaya, amigos, mi nivel de estrés en esos momentos me desbordaba, sólo tenía ganas de llorar… Y recibí otro mensaje, esta vez, de mi papá: -¡Ánimo, mulata, que no estás sola! Todavía puedo nadar varios océanos para ir a buscarte- He de decir, que mi papá tiene casi ochenta años y era ya tarde en España. Sin embargo, él seguía despierto para acompañarme en mi aventura de vuelta a casa. Me dio un buen chute de energía. Así que respiré hondo, me hice unas cuantas respiraciones yóguicas, me fui al servicio a alicatarme, me lavé la cara, me ordené un poco los rizos y me planté un hermoso “bindi” entre ceja y ceja. La mujer guerrera había vuelto jeje.
Siguiente fase, hacer el chek-in, había una cola infinita. Después de casi una hora esperando, llegué al mostrador, saqué mi pasaporte con mi mejor sonrisa junto a un profundo suspiro de satisfacción de “ya casi lo tengo” y la señorita azafata, muy seria, me dice que no puedo viajar… ¡Casi se me para la patata! ¡¿Os podéis imaginar la cara de desencajada que se me quedó?! ¡Los ojos se me salían de las órbitas! Pero la mujer guerrera que salió del baño alicatada, por supuesto, ¡saltó como un resorte para defenderse! Según esta señorita, no podía salir del país porque tenía que hacer cuarentena de quince días, ya que dio por hecho que mi lugar de procedencia desde mi último sello, era España. Se equivocaba, ni se molestó en mirar los demás sellos. Así que le dije que llevaba cuatro meses y medio viajando por Asia y no había pisado Europa desde que empezó todo este rollo del Coronavirus.
Finalmente, todo se arregló y pude subir al avión, e incluso me entretuve charlando y echándome unas risas con un monje budista bien majete en el trayecto a Estambul.
Sí, amigos y amigas, finalmente todo salió bien, llegué a Madrid. Ya en el avión me enfundé con guantes y mascarilla y con mi alcohol de manos en las pistoleras. Iba a llegar la parte mas peculiar de la aventura el “retorno a casa”, ver los trenes, los andenes y mi pueblo sin apenas gente por la calle y empezar la cuarentena.
He que decir que soy muy afortunada de estar aquí, ya que otros turistas españoles lo están pasando mal en India en estos momentos o en otros lugares del mundo de donde no pueden salir.
Tengo y ¡TENEMOS! una enorme suerte de levantarnos cada mañana bajo un techo, en una cama con sábanas limpias, con un colchón cómodo, una ducha con agua caliente y tener comida en la nevera. ¡Ah! y papel higiénico para limpiarnos el culo que por cierto, si alguien no se ha molestado en pensarlo, hay otros cuantos modos de limpiárselo sin necesidad de usar papel. ¡A ver si le echamos un poquitín de imaginación!
Valoremos lo que tenemos en vez de lloriquear tanto por lo que nos falta. Yo doy gracias de estar aquí, cerquita de mi gente aunque no pueda abrazarles, agradezco el descanso que me/nos ha impuesto la vida y yo personalmente, en vez de verlo como una restricción de mi libertad, le voy a poner pasión a esta experiencia como intento hacer con todo en mi vida. Al fin y al cabo, la libertad también esta en la cabeza de cada uno y sino podemos salir fuera, vayamos hacia dentro.
La inteligencia también es el poder de adaptación a circunstancias imprevistas de la forma mas positiva posible, seamos creativos y transformemos patrones que ya no nos sirven. Aceptemos que nunca volveremos a ser los mismos después de que esto haya acabado y quién pretenda seguir siendo el mismo, es que no ha entendido absolutamente nada de lo que esta ocurriendo.