JUAN FERRER ROIG

Juan Ferrer Roig.

Así se llamaba mi abuelo.

Nació en Valencia, parece que pudo ser republicano ya que durante la Guerra Civil fue zona republicana. Y curiosamente, se enamoró de una vasca, mi abuela. Pero no de cualquier vasca, sino una vasca falangista.

Que en un viaje de la sección femenina a los talleres de fallas en Valencia, conoció a mí guapo abuelo que era maestro fallero. Así que una parejita de enamorados en plena Guerra Civil española y para colmo, aparentemente, de bandos diferentes, algo así como los Montesco y los Capuleto de Romeo y Julieta, decidieron emigrar y cruzar el charco con una mano delante y otra detrás. Emigraron a Colombia, que por cierto, les mando infinita fuerza en los terribles momentos que están pasando actualmente.

Y Colombia, país maravilloso, que todavía no he tenido la oportunidad de conocer pero tarde o temprano lo haré con muchísimo gusto. Les abrió las puertas… 

Mi abuelo era pintor y escultor, vivió como artista probablemente casi toda su vida y con su trabajo y obra, dio de comer a mi abuela y a sus ocho hijos, entre ellos mi mamá.

Diría que mi abuelo amaba lo que hacía y aunque no era católico, trabajó muchísimo haciendo pinturas y esculturas en iglesias y catedrales.

Todavía puedo recordar su olor, su barba dura y súper pinchona, sus camisas viejas que usaba solo cuando pintaba, la forma de sus manos y nos cortaba las uñas siempre que las teníamos largas, por alguna extraña razón, le fascinaba.

Recuerdo su taller, lo recuerdo grande, lleno por todas partes de pinturas de todos los colores, pinceles de todos los tamaños, lienzos, esculturas, herramientas varias, yeso, barro, caballetes, gotas de pintura esparcidas por los suelos… Un mundo increíble desde los ojos de unos niños, donde podíamos mancharnos, enredar, crear, investigar, toquetear… Así nos criamos mi hermano, unos cuantos nietos más y yo, entre arte, creatividad y fantasía.

Una vez una especie de brujo, me dijo que tengo un ángel de la guarda, que era un hombre mayor y que seguramente sería mi abuelo. 

La verdad, no me importa si es verdad o no lo que dijo aquel señor, a mí me hace feliz pensar que de alguna manera mi abuelo me protege y que sigue presente a mi lado porque de él aprendimos muchas cosas pero con los años, me he quedado especialmente con una, que si amas y crees en lo que haces, estarás mas cerca de la libertad.

Cuento todo esto, porque el otro día contaba a mi mamá, que estaba haciendo mi primer trabajo en acuarela… Y me dijo, - el abuelo decía que es la pintura más difícil del mundo -. Parece ser, que él era un genio trabajando con ella.

Y la conclusión de todo esto es que, mi tucán, ha nacido también de acordarme de mi amado abuelito y de aquellos maravillosos años de trastear en su taller.



Así que esta acuarela, y todas las que vengan…

Van por ti, por tu amor, por tu valor, por tu pasión, por tu delicadeza, por tu arte y porque nos regalaste lo más bello y genuino del mundo, la libertad de acercarnos a nosotros mismos desarrollando la creatividad.

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