"LO QUE EL DOLOR FISICO ME ENSEÑO"

Aquí os vengo a contar, cómo lo que empezó siendo un dolor lumbar se convirtió en una cadena de dolores, contracturas y lesiones que abrió la caja de Pandora, y cómo gracias a esto descubrí un mundo apasionante de análisis, introspección, observación y propiocepción. Y cómo llegué al que considero el origen emocional de muchas de mis tensiones físicas.

Ya en mi viaje a India hace tres años, mi querido, respetado y admirado maestro de Thai Yoga, se dio cuenta de que algo ocurría en mi pierna, en toda su extensión desde el sacro/cadera hasta el pie. Mostró un gran esfuerzo, mimo e intención de querer ayudarme a soltar y liberar esa tensión que tenía, y madre mía, todavía me asombra lo que es capaz de acumular el cuerpo y apenas darnos cuenta. Se dice en psicoterapia corporal y también en yoga que la tensión física es emocional y también se expresa en tensiones en nuestra mente, y por lo tanto, en nuestros hábitos, en nuestras relaciones, en nuestra vida. ¿Te has preguntado alguna vez, cuánto de flexible o rígido eres en tu vida? Yo sabía que algo no andaba bien porque me dolía la zona lumbar, sobre todo en mi lado derecho pero no era consciente, ni por asomo, del fregado que venía en cadena hasta mi pierna. Además, ya hacía tiempo que observaba, que todos mis dolores, habitualmente, venían del mismo lado.

Al volver a España, con la pandemia, decidí empezar a trabajarlo e investigarlo. Así que la excusa del confinamiento me vino de muerte para enfocarme y ponerme al lío.

Primero, lo más importante para mí, era comprender o al menos valorar porque mis lesiones suelen materializarse siempre en el mismo lado, buscando desde lo emocional y lo energético. Segundo, investigar la parte anatómica de mis desalineaciones biomecánicas según las cadenas musculares y su relación con la psicología de mi postura corporal. La holística como base, la unión de mente, cuerpo, emociones y alma, todo unido, de nada nos/me sirve separarlo.

En mi opinión, las lateralidades físicas de los síntomas son absolutamente reveladoras de lo que ocurre en nuestro interior.

Yin y Yang según el Taoísmo, Shiva y Shakti del Hinduismo, polos positivo y negativo de acuerdo a la física, energía femenina y masculina del Tantra, explican la existencia de dos fuerzas opuestas pero complementarias que son esenciales en el universo. Todo lo que existe, posee esta dualidad, son energías totalmente necesarias para mantener el equilibrio y la armonía universal en un fluir constante e infinito.

Para entendernos mejor, la energía femenina está vinculada con las emociones, el amor, el sentir, el creer, el compartir, el dar y recibir, en la admiración de la belleza, en la confianza.  Y la energía masculina, se caracteriza por la consecución de metas, por la materialización de los hechos, por encontrar propósitos, por la protección, dirigir, sobrevivir, actuar.

Se podría decir que el lado izquierdo está más enfocado a la relajación y la calma (sistema nervioso parasimpático), y el derecho da energía y te carga las pilas (sistema nervioso simpático).

El hemisferio izquierdo del cerebro se encarga de controlar el costado derecho del cuerpo, el cual para la filosofía oriental corresponde a la energía masculina, el hemisferio cerebral derecho lo hace del lado izquierdo relacionado con la energía femenina.

Estas energías que recorren nuestro cuerpo se dividen en dos tipos según la tradición yóguica. El lado femenino se conoce como Ida y el lado masculino como Pingala.

Los nadis son los canales por donde fluye la energía vital, el prana. Son lo que serían “meridianos” en medicina china, pertenecen a nuestro sistema energético y tienen una influencia determinante en nuestro cuerpo físico.

Pingala, en su fosa nasal derecha, está relacionado con el hemisferio izquierdo. Su energía es la masculina, es energía solar, por lo que es una energía más caliente.

Esta energía nos impulsa a ser más determinados, nos hace ser más independientes, se encarga del análisis lógico-matemático y la mente racional. Podemos identificarlos viendo por dónde respiramos mejor, si por el lado derecho o el izquierdo.

En su fosa nasal izquierda es Ida, está relacionado con el hemisferio derecho. Proviene de la energía de la luna, de la parte femenina. Fluye desde el tercer ojo.

Nos ofrece inspiración en la comunicación, imaginación, y hace que seamos más bondadosos. Nos hace ser más sensibles, más emotivos y receptivos. También es el responsable de la orientación en el espacio, la percepción psíquica, la intuición, la creatividad, la sensibilidad artística.

Cada nadi proporciona energía al hemisferio asociado, por esta causa la actividad cerebral se ve condicionada por el flujo de los nadis y la respiración nasal.

Esta información me pareció super valiosa para comprender algunas cosas, formaba parte de mi estudio buscar desde lo energético. Y aunque considere que siempre he desarrollado mi lado femenino, por muchas razones una gran parte se ha volcado hacia el masculino.

Igualmente, busqué información sobre biodescodificación o bionergética, y encontré muchísima información, sinceramente muchas cosas que se leen no se saben bien si son ciertas o no, pero tampoco se trata de buscar una verdad absoluta, sino que de todo lo que vayas encontrando, intentar hacer tu propia versión desde la herramienta más maravillosa que tenemos, la intuición, y desde lo que sientes y la experiencia de vida que haya tenido cada persona.

Varias zonas del lado derecho de mi cuerpo, he tenido o tengo alguna molestia, dolor o lesión (tobillo, rodilla, articulación socroilíaca, psoas, ingle, isquitiotibilales, fascia, zona lumbar, dorsal, cuello, hombro, muñeca), todas tienen un significado emocional diferente según la biodescodificación y yo le encuentro mucha lógica a prácticamente todos los significados de cada parte. Después de mucha investigación y lectura, saqué varias conclusiones, igualmente me ayudó a entender cosas mi “brujildo” (mi terapeuta físico/emocional) que siempre da en el clavo con la conexión de mis dolores y emociones.

El miedo es una emoción clave en cada una de las lesiones/dolores de mi cuerpo, sin ir más lejos se dice que la tensión es el miedo materializado. He sufrido y todavía en algunas ocasiones sigo sufriendo mucho miedo en mi vida y aunque sea un miedo que la mayoría de las ocasiones no sea cierta, otras veces tienen un origen de algo que ha ocurrido en la realidad. Y haciendo un estudio de mi pasado, intuitivamente muchos detalles me dicen que han influido en lo que estoy hablando. Con catorce años sufrí un conflicto de acoso sexual que gracias al universo solo se quedó en un susto de muy mal gusto, pero un susto que ya condicionó completamente el resto de mi vida y mi forma de actuar respecto a los hombres, sufrí igualmente violencia machista, varias veces en la calle y alguna otra en discotecas (y os preguntaréis que por qué tantas, y mi respuesta es que las injusticias y acosos verbales y físicos hacia las mujeres especialmente, pero también hacia los hombres, nunca las toleré aunque la defensa de alguien o de mi propia integridad, supusiera un peligro añadido) y también en una relación de pareja la cual me sirvió de un enorme aprendizaje que igualmente, marcó la diferencia en el futuro de mis siguientes relaciones. Tuve varios “conflictos sexuales”, por lo que seguramente toda chica/mujer ha sufrido alguna vez por no saber decir que no y acabar acostándote con uno, simplemente por pesado o borracho o por el simple hecho de hacerlo, pero todo queda, amigas, todo queda… todas y todos tenemos un pasado y sino lo resolvemos, siento decir que las energías de mierda quedan dentro de nuestro templo.

También me he metido en situaciones y lugares peligrosos que cualquier otra chica hubiera elegido no meterse (por presión social, familiar, costumbres, creencias, etc), pero yo decidí hacerlo, y tampoco lo cambiaría si volviera atrás. Supongo que de alguna manera, siempre he puesto a prueba mi lado masculino y hasta dónde podía llegar, de ahí, viene también la determinación de enfrentarme a mis miedos como principal terapia de acercamiento a la libertad y mi decisión de dejar mi puesto de trabajo fijo, dedicarme a viajar en solitario durante varios años o practicar la escalada deportiva que, aunque es bastante seguro, no deja de ser un deporte de riesgo en el cual hay que lidiar habitualmente con el miedo.

En el tema familiar, el lado masculino, tiene relación con el padre, hermano, abuelo, etc… Para no entrar en detalles en este tema, simplemente añado que hay mucha chicha que obviamente influye en mi lateralidad. Y que si alguien lee esto y le pueda servir de ayuda en algo, que se siente a analizar las relaciones con la familia, pero no desde el rencor (eso no es útil, solo sirve para una futura enfermedad) sino desde la madurez del aprendizaje.

El caso es que todas estas investigaciones, este despertar de la consciencia, me hizo querer seguir adelante en la profundización de mis dolores físicos y emocionales. 

Considero que mi lado masculino lo he tenido profundamente arraigado, con las características propias de este lado que ya he nombrado antes: independencia, racionalidad, determinación, acción, visualización y materialización de los hechos, búsqueda de propósitos y metas, incluso, agresividad. De pequeña tampoco era una niña muy “habitual” para esa época, incluso hubiera deseado ser muchísimo más traviesa de lo que fui, pero por razones familiares decidí no hacerlo, ahora lo pienso y me asusto del grado de sensibilidad que ya tenía en esa época para llegar a esa conclusión yo solita.

Por otro lado, varios años de mi vida, mi confianza en las niñas cayó en picado, sufrí bulling en el colegio e instituto, hacía muchas pellas por no ir al colegio hasta que mi madre me descubrió. Algunos años más tarde también dejé de confiar en muchas mujeres, llegué incluso a temerlas, así que empecé a juntarme mas con hombres, me parecían más transparentes y nobles y me sentía mucho más segura y respetada. Al final, incluso me convertí en uno de ellos sin distinciones absurdas sobre el sexo.

Vaya, que casi desconecto de la infinita importancia de mí energía femenina y digo casi, porque también he desarrollado muchas cosas de mi lado femenino durante toda mi vida y con las cuáles me siento profundamente identificada. Sin embargo, siento que ha habido, durante mucho tiempo, un desequilibrio entre ambas energías, pero por otro lado, en realidad la vida me hizo hacerme dura para sobrevivir en un mundo dominado por hombres, (algunos peligrosos y otros tantísimos no), y bastantes mujeres competitivas entre ellas mismas. Pero esto fue otra época, menos mal que las cosas han y siguen evolucionando.

Hace algunos años cuando empecé a adentrarme más profundamente en el mundo del yoga, me di cuenta que me había creado una enorme armadura para protegerme de las amenazas y peligros externos, de los reales y de los que me había inventado, también el haber viajado mucho sola a lugares variopintos, creo que me hizo generar mas aquella armadura y no se trataba de seguir haciéndola más grande y gruesa sino de aflojarla, soltándola desde el amor, me di cuenta que, si me liberaba de ella poco a poco, no habría ningún peligro, sino todo lo contrario, podría ser mucho más fuerte desde el amor, la dulzura y la confianza y eso no significaba dejar de ser fuerte y convertirme en vulnerable o indefensa como pensaba antes o supondría la pérdida de la identidad que yo misma me había creado.

Sigo aprendiendo a perdonarme y también a los demás, a valorarme, a confiar en la vida, a dejarla fluir sin intentar tenerlo todo controlado o ser tan exigente, a enfrentarme a mis miedos, a gestionarlos mejor, a aceptar y perdonar las experiencias y personas que me hicieron daño en el pasado, sigo aprendiendo a pensar menos y sentir más. Estoy sanando muchos de mis dolores tanto físicos como emocionales, y a encontrar el equilibrio con mi energía femenina: en la comunicación, la bondad, el amor, a ser mas sensible, emotiva y receptiva, a compartir, confiar y sentir… Y a liberarme de mi armadura, dejando que mi energía masculina no predomine tanto. Desde hace varios años, mejoró notablemente mi relación con las mujeres, lo cual considero de una vital importancia para equilibrar la dualidad de las energías. Dejé de temerlas, para convertirlas en relaciones sanas y nutritivas, son mis diosas y de los aprendizajes más bonitos que me ha dado la vida.

En psicoterapia corporal, las armaduras que me endurecieron el alma y el cuerpo, se llaman “coraza muscular” y “coraza caracterial”, si estamos rígidos muscularmente, ¿cuánto de rígidos somos en nuestra vida, en nuestras relaciones y hábitos?. Ya me lo decía mi “brujildo”: - La tensión de la cadera derecha te hace ser inflexible ante la vida - . El caso es que la “coraza muscular” no es mala, siempre y cuando se tenga el equilibrio del que tanto hablo.

Al final y al cabo, la defensa es el camino para protegernos de los ataques externos y es una herramienta útil, si está equilibrada, sin embargo, no lo está, puede hacer que la energía vital o el prana, no discurra con naturalidad y en completa libertad en nuestro interior haciendo que se generen enfermedades, dolores, patologías crónicas o lesiones. Y cuanto mas frustramos emociones o nos anulamos por algo, en repetidas ocasiones a lo largo del tiempo y de los años, esa tensión va creando una armadura cada vez mas grande haciendo que dejemos de sentir, nos hacemos más vulnerables y débiles y más frágil es el ser que la habita (leer el “El caballero de la Armadura Oxidada” de Robert Fisher, “La personalidad es como la armadura de una caballero medieval, si está bien construida puede ayudar a protegerte de los embates agresivos del mundo exterior, pero también condiciona y limita considerablemente la libertad de su portador”).

Es interesante, pero esto que estoy contando, lo sentí claramente en mi pierna derecha, lo que estaba generando esa enorme tensión y aunque no fuera todavía totalmente consciente de lo que estaba ocurriendo de verdad, sí sentía que algo no fluía por mucho yoga que hiciera, como si el desagüe estuviera atascado, incluso me sentía muy baja de energía, y pasé por una época triste, melancólica y, sobre todo, apática.

No fue hasta el día que me vino un dolor nuevo detrás de la rodilla, que al final decidí ir a mi fisioterapeuta (que gran error cometemos los humanos de dejar pasar, en ocasiones, demasiado tiempo), recibí ocho punciones secas en diferentes puntos y músculos de la pierna y glúteo, me colocaron la columna y me diagnosticaron disfunción de la articulación sacroilíaca (el origen de mi cadena de dolores).

Menos mal que mi cuerpo es bastante agradecido y después de alguna otra sesión y, sobre todo, mucho trabajo muy profundo de yoga y meditaciones, se abrió la vereda emocional, lloré mucho pero no precisamente por el dolor, sino por la enorme tensión que yo misma me había generado durante años, me enfrenté cara a cara con mis debilidades emocionales expresadas en mi pierna y zona lumbar.

Y cuando todo aquel atasco emocional se empezó a liberar, sentí claramente el enorme potencial que tenemos los seres humanos en nuestro interior, una puerta mágica se abrió, y el fluir natural de la energía empezó a brotar de nuevo como una cascada de energía, de "prana", cargándome de vitalidad, alegría y amor.

Justo estoy leyendo un libro que se llama “La salud prohibida” de Andrea Ludwig Kalcker y define muy bien que es la salud y la enfermedad, dice así: “La salud es energía en movimiento armónico, la salud es la capacidad y derecho individual y colectivo de realización del potencial humano, biológico, psicológico y social. La enfermedad es el desequilibrio de la salud”.

Después de encontrar muchas respuestas, y sentir esta apertura increíble de mi energía interior, con ayuda en equipo de diferentes disciplinas: fisioterapia, osteopatía, psicología, biodescodificación, bioenergética y yoga. A todo esto, hay que añadirle, una formación que hice en los tiempos de pandemia que me llamaba muchísimo la atención desde hacía meses, la formación estudia tanto el lado biomecánico como psicológico de las posturas corporales. Las cadenas musculares o miofasciales que usamos de forma predominante tienen unas características psicomportamentales o cognitivo conductuales que determinan unas actitudes psicológicas. Un mundo realmente apasionante y una terapia apenas conocida para el potencial que tiene, pero que brinda unos resultados asombrosos.

Esta terapia me hizo comprender, más profundamente, la importancia vital de la higiene postural en la percepción y gestión de la vida, en nuestras relaciones, en nuestra actitud, hábitos, rutinas, gestión emocional, etc y por qué razón o razones tengo determinadas desalineaciones biomecánicas y cómo hay que liberar estas tensiones que las generan. La combinación ideal para abrir del todo la cajita de Pandora.

Gracias a esta formación, y la práctica conmigo misma, me ayudó a profundizar más en mis lesiones, a trabajar en la liberación de mis corazas y hacer un trabajo psicológico emocionante. Aunque también he de confesar que es algo de lo que no podré desprenderme nunca más, no es cuestión de hacerlo una temporada y mágicamente nos curamos como si tomáramos la pastilla del doctor, porque mi cuerpo y mi cabeza (como seguramente los de todos) tiende a ciertas cadenas como ha hecho toda la vida, así que no queda más remedio que reeducarlo de forma constante y para siempre.

Es un trabajo de transformación, de crecimiento personal, de enfrentarte a tus vulnerabilidades con humildad, sin egos, sin tratar de ocultar o disimular lo que realmente somos, con nuestras virtudes y nuestros defectos, un trabajo de liberación, de sanación, un viaje para valientes y que nunca termina de desarrollarse y seguir aprendiendo.

Para mí, en mi experiencia, y desde mi más humilde conocimiento, considero que no se trata de separar y pensar que todo tiene solamente un significado científico, biológico, físico, terrenal y tangible, ni tampoco únicamente energético, espiritual, psicológico o emocional. Se trata de buscar la unión y el equilibrio de todo ello, porque solo desde ahí, solo desde ese despertar de la consciencia, empezaremos a entender realmente quiénes somos.

En esta vida, lo único que nos hace libres cómo personas, es el conocimiento de nosotros mismos. 


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