"Tiempos de confinamiento: me cortaron las alas”

La vida me obligo a parar, después de varios años de casi constante movimiento. Me siento como si violentamente me hubieran cortado las alas, esas preciosas y enormes alas que había echado, de las que estoy profundamente enamorada y que tanto trabajo me costó dejar crecer sin escuchar falsas limitaciones mentales. Esas alas llenas de largas plumas que brillaban con los rayos del sol y me llevaban de un país a otro, rozando las nubes y oliendo a libertad, en ese fantástico mundo entre el cielo y la tierra. 

Me han arrebatado mis alas, el gran amor de mi vida, mi pasión. Y ahora me encuentro herida y desprotegida, zarandeándome como si fuera a caer al suelo porque he perdido totalmente mi equilibrio y el sentido de muchas cosas. Mis alas me daban seguridad y estabilidad, eran mi guía y mi intuición, eran mi esencia mas natural, ahora sin ellas, parada y encerrada, me observo a mí misma y me doy cuenta de que ya no sé donde estoy, ni cual es mi centro y tampoco mi camino. Lo he perdido sin mis alas, como si me hubieran amputado alguna extremidad.

He pasado por varios procesos hasta poder expresar con palabras lo que ahora estoy escribiendo. Hasta que he comprendido cómo me siento, mis nuevas debilidades, emociones y dolores, una Paula diferente a la que enfrentarme e incluso he tenido que enfadarme profundamente con el mundo, hasta vomitar de rabia por las injusticias internacionales que estamos viviendo. No quiero evitar mis sufrimientos ya que considero que la única manera de resurgir de ellos es padeciéndolos, mis sombras también son parte de mí y nunca hubiera descubierto mi luz, sin haber conocido antes mi oscuridad. Sin embargo, nunca ha sido una solución la angustia desmesurada, hay que ser prácticos en esta vida.

Una cosa que siempre digo es que cuando un patrón de vida ya no es útil, es que hay que cambiarlo, hay que renovarse y reinventarse. 

Ahora caen mis palabras por su propio peso, como un jarro de agua fría en la nuca después de varios años en que mi patrón de vida nómada me funcionaba de puta madre. Lo que supone un cambio no por decisión propia, sino más bien por imposición de las circunstancias que estamos viviendo y por lo tanto, la pupa escuece más. 

Sin embargo, es el momento de aprehender otra forma de vivir, que mis alas, vuelvan a renacer de sus heridas aunque por ahora no sirvan para volar pero que por lo menos, mis plumas pegaditas a mi espalda me den calorcito del rico y acurrucada en mi nido, vaya cogiendo fuerzas para continuar siempre hacia adelante, con determinación, porque en cuanto me den la libertad, ¡volveré a echar a volar! Y mientras recorro esta nueva etapa de crecimiento y desarrollo interior, seguro que encontraré otra vez mi señor Equilibrio que se me escapó de entre los dedos en esta inesperada tormenta emocional.

Volverás, siempre vuelves.

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