¡NOS MUDAMOS!

¡¡Nos mudamos!!

Pero no antes de contar algunas cosillas… jeje

Un 19 de marzo del 2020 aterricé en Madrid después de algunos meses viajando por Asia, un viaje que empecé sin billete de vuelta y cuatro meses después, la pandemia paralizó la vida de millones de personas en el mundo entero. Ahí se acabó mi aventura. Una aventura que, en realidad, venía de algunos años atrás en el que mi forma de vida se había convertido en un delicioso estilo de vida nómada.

Recuerdo perfectamente la sensación de llegar a mi país, después de mas de una semana sin saber si iba a poder volver, o me quedaría atrapada en India, o en algún otro país en medio del transbordo de los vuelos y por supuesto, la odisea que supuso.
Pero llegué y aquí me quedé, profundamente agradecida de estar cerca de mi familia de sangre y la “elegida”.

Sin embargo, ahora después de algo mas de dos años, viviendo una añorada estabilidad en mi pueblo, mi campo base, y que no tenía desde hacía varios años… Me doy cuenta de una cosa que escribí hace tiempo: - Aunque la estabilidad terrenal mole, la realidad es que, mi elemento sigue siendo el viento y mi espíritu animal esta claro que tiene alas y puede volar -. Y negarme a mi esencia natural sería un profundo error, al viento no se le puede atrapar y a un pájaro no se le debería encerrar.

"Recuerdo que mi madre me decía algunas veces, hija deja de estar por los aires y baja los pies a la tierra… Cuando empecé a hacerme mayor y a entender muchas cosas que antes no entendía (lo que llamamos madurar) un día la pregunté. ¿Por qué he de bajar a la tierra, si en el aire me gusta estar?

Me costó mucho llegar a esa conclusión porque relacionaba que estar en el aire era algo malo o negativo, estar en las nubes, algo así como estar despistado o desorientado en la vida. Pero no, me di cuenta que estar en el aire es una forma de vida y desde arriba se observa divinamente las maravillas que brinda la tierra y eso no significa que no se viva con plenitud o que igualmente necesite la tierra para vivir y baje a pasear de vez en cuando.

Que los pájaros tienen alas pero morirían si no dejaran de volar y sus nidos, su alimento y sus raíces están en la tierra. No esta mal volar por los aires libre como un pájaro pero igualmente, necesitamos de la tierra para sobrevivir y no perdernos y alejarnos demasiado de la realidad.

Así que le dije a mi mamá, sabes prefiero quedarme en el aire, me gusta más este sitio que siempre estar con los pies en la tierra”.

…Así que ha llegado la hora de volver a desplegar mis alas…

Aquellas amadas alas que me daban seguridad, que eran mi guía, mi intuición y mi brújula.

Me he puesto, en numerosas ocasiones, en situaciones variopintas para enfrentarme a mis miedos, a mis inseguridades pero también para ponerme a prueba a mí misma y ver hasta dónde podía llegar y qué cosas nuevas descubriría con esas experiencias, para seguir creciendo y no quedarme estancada en la zona de confort. No quería conformarme con la Paulita de siempre, con una sola Paula, yo quería más, quería muchas Paulas, Paulas nuevas, diferentes, alocadas, tristes, aventureras, que hacían y deshacían. La Vida esta para soñarla, para visualizar, para proyectar, para construir y hacer las cosas realidad.

Los seres humanos somos nómadas por naturaleza desde los inicios de la historia de la humanidad y necesitamos movernos, quizás ya no sea como hace 10.000 años pero seguimos en la búsqueda de mantenernos en movimiento y no solo me refiero a cambiar de lugar de residencia o viajar, sino a crear cosas nuevas, a abordar nuevos retos, a crecer, a aprender, a construir, a transformar…

La pandemia me ha aportado cosas maravillosas estos dos últimos años, muchísimo movimiento desde una añorada estabilidad, desde la quietud, e incluso, me ha regalado un par de alas más, las de mi amado compañero de viaje con el que compartir muchas aventuras.

En momentos así siempre me acuerdo del libro de “Mujeres que corren con los lobos”, y que en muchas ocasiones he nombrado en mis escritos, me encanta recordarlo, cuanto me enseñó y aportó este libro a descubrir mi Mujer Salvaje. Y algunas frases, dicen así:

La palabra “salvaje” se utiliza en su sentido original que significa VIVIR UNA EXISTENCIA NATURAL, en la que se posee una integridad innata y unos límites saludables.

Las palabras “mujer” y “salvaje” hacen que las mujeres recordemos quiénes somos y qué es lo que nos proponemos. Personifica la fuerza que sostiene a todas las mujeres.

Dentro de toda mujer alienta una vida secreta, una fuerza poderosa, de creatividad apasionada y de sabiduría eterna. Es nuestro equilibrio espiritual y la fuerza que nace de nuestras entrañas.

La Mujer Salvaje, es la esencia femenina instintiva. La búsqueda del conocimiento profundo de nosotras mismas, de nuestras almas. Algunas mujeres lo perciben cuando están embarazadas o dan de mamar. Otras, tienen otras experiencias que igualmente las hacen descubrir. Y cuando lo encontramos, luchamos para conservarlo, pues es la esencia de la vida creativa.

¡Wow! ¡La esencia de la vida creativa! Cuantísima majestuosidad pueden tener esas palabras, hasta se me pone la carne de gallinita cuando las leo.

En realidad, habré hecho unas cuarenta mudanzas en mi vida, más que los años que tengo y de país creo que unas siete veces, y todavía se me remueve algo en mi interior. En realidad, nunca me acostumbro y me marcho con alegría pero también con pena, por lo que he construido aquí en estos dos años, por la preciosa familia “elegida” que tengo, que AMO tantísimo y que son mi MAYOR tesoro y pilar en esta Vida. Por mis alumnos, por cada una de esas bonitas almas que me han dado la oportunidad y la confianza de viajar conmigo en el maravilloso e infinito mundo del Yoga, del cuerpo, de la mente y de las emociones, con los que he aprendido tanto y que gracias a ellos me he convertido no sólo en muchísimo mejor profesora sino también persona.

Aunque parezca que deconstruyo lo construido, hago como el dios de la destrucción, Shiva, de lo que destruye, CREA nuevamente para poder seguir evolucionando.

O simplemente, sin ir más lejos, cómo las plantas a veces necesitan cambiar de lugar para seguir creciendo.

Por eso reprimir o negar esa esencia natural y creativa, esa Mujer Salvaje, ese instinto nómada de sacar las alas y querer seguir descubriendo nuevos estímulos, lugares, personas, formas de vivir, culturas, comidas, sabores, olores, nuevas aventuras, sería anular completamente quién soy. Y considero que no puedo ni debo enseñar a los demás a soltar, a dejar marchar, a practicar el desapego, a aceptar, a transformar, a ser seres adaptables y flexibles con la vida tanto física como emocionalmente, a salir de nuestras zonas de confort con una buena gestión de las emociones o el miedo, si yo no soy un EJEMPLO REAL de lo que comparto y difundo.

No sé quién escribió esta frase… pero la amo.

El acto de libertad más grande que podemos regalarnos, es darnos el permiso, de ser quiénes somos. De ser nosotros mismos.

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